22 febrero 2012
Publicado por M.
Reencuentros
Creo que uno de mis mayores placeres es crearme una rutina especial que me guste mucho, agitar un poco la vida, no mucho, pero lo suficiente para que cambie por un tiempo y después volver sonriendo a lo que había dejado y que ahora, tras el cambio, es incluso mejor. Es una sensación parecida a cuando estreno calcetines o cuando me meto en la cama (en la mía mía) después de un día agotador (aunque a decir verdad no tengo muchos de esos últimamente). Como si fuera deslizando el pie dentro de mi zapatito de cristal perdido y de repente hubiera una transformación al estilo Sailor Moon (no podía ser menos) y todo volviera a encajar. Al rato de estar en Huelva con Abel y su familia ya parecía que nunca me había ido a Alemania cinco meses. Igual que cuando voy a Argentina y una vez superado el jet-lag me siento no solo como si no me hubiera ido, sino también como si nunca hubiera tenido que Volver (Con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien).













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